martes, 1 de noviembre de 2011

¡Echenle flores!



¡Me encanta el camellón de Reforma! Si las penurias de mi chilanga vida me obligan a recorrer la ciudad desde Santa Fé hasta Polanco en medio de obras, peseros, transportistas y otras ñoras en camioneta, la posibilidad de hacer el trayecto siguiendo el curso de este camellón me compensa, me devuelve la calma, me llena los ojos de verde y de flores.



Claro, todo es lindo en este sector de la Miguel Hidalgo: las avenidas, las banquetas, las casonas impecables, los coches importados, hasta los guaruras y las muchachas de servicio que barren las banquetas lucen limpios y bien planchados. Así debería ser todo el DF.

Avanzar por Reforma en este tramo, ya sea a pie, corriendo, en bicicleta o en coche nos ofrece un placentero paisaje urbano. Reforma y su camellón son como el Malecón a Veracruz, como el Sena a París. ¿Exagero? Tal vez, pero me gusta.

Y no estoy descubriendo el hilo negro. Las autoridades de la ciudad y de la delegación lo saben, por eso lo cuidan e invierten en su mantenimiento y en su constante transformación. Porque el camellón de Reforma, igual que la Torre Eifel o el Empire State, cambia su atuendo para entonar con la época del año, con la estación y las fiestas.



Hace unas semanas, ejércitos de jardineros removían la vegetación verde-blanco-roja de septiembre para dar lugar a cientos o miles de matas de Cempasúchil. Y en lo que les estoy contando, ya estarán sustituyendo las flores amarillas por  nochebuenas, con sus aterciopeladas hojas rojas que vestirán de Navidad la ciudad y nos pondrán de ánimo para ir de compras o de posadas y haciéndonos más leves las terribles horas de tráfico decembrino.

Pasar a un lado de este río de flores me hace pensar que, a pesar de todo, vivo en una gran ciudad.

Sin embargo, cuando veo a los laboriosos jardineros arrancando  y plantado flores en cada cambio de estación o festividad, me pregunto: ¿Es correcto? Una ciudad, importante como el D.F., desde luego que tiene que invertir en su imagen, pero ¿debemos gastar tanto en cambios de flores cuando tenemos  necesidades básicas y apremiantes que atender?

Se me antoja lanzar un reto a los científicos botánicos y floricultores: desarrollar una especie (no le hace que sea transgénica) muy resistente, que dé durante todo el año flores en diferentes colores según la temporada, que mantenga siempre bien floreado el camellón de Reforma y otros jardines públicos y que nos permitan ahorrar para invertir en drenaje, pavimentación, vivienda, seguridad, etc.
¿Cómo ven?