miércoles, 19 de octubre de 2011

Domingo en bicicleta

El domingo acudí con mi familia a este ejercicio tan chilango del "Ciclotón".

El primer reto es llegar. Sí, pues no sólo se debe madrugar y hacer la talacha propia para instalar el "rack" y  subir las 4 bicicletas a la camioneta. Se debe dar con la ruta que no esté cerrada  por el propio "Ciclotón" o por alguna de las otras carreras que domingo tras domingo se celebran principalmente en la zona de Polanco-Chapultepec. No puedo quejarme, pues soy corredora y asidua a esas carreras, para las que pido comprensión, empatía y ofrezco, porqué no, una disculpa a todos aquellos a los que he impedido salir de su casa para llegar al aeropuerto, al hospital, al desayuno familiar o a misa de ocho (¿A dónde más se puede ir el domingo a esas horas?).

Una vez en Reforma, montados en nuestras bicis, emprendimos el paseo que siempre es muy recomendable. ¡Las avenidas y calles por las que hemos circulado cientos de veces parecen otras cuando se recorren a pie, corriendo o en bicicleta! Se ven, se sienten y se huelen diferentes.

No deja de sorprenderme que en esta ciudad hay multitudes para todo. Cuando uno cree que será uno de los poquísimos nerds que se levantan temprano para pasear por Reforma, resulta que hay tráfico de bicicletas. Cierto, la gran mayoría de los chilangos seguirían en esos momentos arropados en su cama y siguiendo las transmisiones televisivas de los Juegos Panamericanos, convencidos de que ver deportes es casi como practicarlos, por aquello de las neuronas espejo. Así que, al parejo de los viejitos (perdón, adultos en plenitud), los ñoños deportistas madrugamos y nos lanzamos  por montones a Reforma hasta el mismísimo Zócalo. En el D.F. las minorías son multitudinarias.



Esta minoritaria multitud debe complacer a Marcelo Ebrard. El esfuerzo por promover el ejercicio y replantear el uso de la bicicleta como un medio de transporte en la ciudad ha ganado terreno. Sin embargo falta mucho por avanzar, en infraestructura, en educación vial, en estructura mental.

Pues ahí tienen que ya en el primer cuadro de la ciudad nos desviamos de la ruta ciclista para hacer una merecida pausa y desayunar en "El Mayor", restaurante muy recomendable en la azotea de la librería Porrúa. El plan no podía ser mejor: ejercicio, buena comida en la cima de un edificio histórico con la incomparable vista del Templo Mayor y Catedral. Pero  no contamos con que en esta ciudad hay estacionamientos para autos, valet parking para autos, hay franeleros para autos, pero no para bicicletas. Despues de ir y venir entre los policías de la entrada, el responsable del estacionamiento y el responsable del restaurante, tuvimos que marcharnos con el estómago vacío y un palmo de narices, porque en el estacionamiento de la Librería Porrúa, se pueden estacionar coches, pero no bicicletas. Falta de visión comercial en un domingo de Ciclotón: las vías principales de acceso estaban cerradas a los automovilistas, así que en las próximas horas no andarían por ahí más que ciclistas y peatones.

Hambrientos y desilusionados decidimos ver el lado bueno de esta situación. Si ya estábamos ahí, podíamos entrar a la exposición del escultor Ron Mueck en San Ildefonso que apenas abría sus puertas y todavía no presentaba las grandes filas de las minorías multitudinarias que visitan museos.  ¿Y... las bicicletas?

Claro que el museo no tiene  espacio ni instalación alguna que permita estacionar las biciletas. En el centro las banquetas son muy angostas y pensar en encadenar 4 bicicletas a un poste significaría bloquear el paso. Cuando estábamos a punto de abortar el plan, fuimos salvados por los trabajos de remozamiento de este antiguo edificio. Sí, gracias a un aparatoso andamio que ocupa gran parte de la fachada, mi familia y luego otros ciclistas que siguieron nuestro ejemplo, pudimos encadenar nuestras bicis y disfrutar de la exposición.

Marcelo: ahí te encargo. Si queremos promover el uso de la bicicleta, comercios, restaurantes, museos y hasta las iglesias deben ofrecer facilidades para estacionarlas adecuadamente. Un nicho de mercado para franeleros y viene-vienes.

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